Intro (0:00 – 0:15)
Hay personas que no te dieron la vida…
pero te enseñaron a vivirla.
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Verso 1 (0:15 – 0:55)
En una casa sencilla donde el tiempo camina lento,
vivían dos maestros que no cobraban por su tiempo.
Una abuela pendiente de cada pequeño detalle,
como si el mundo entero empezara en su calle.
Siempre preguntando si ya comí o dormí,
si el abrigo estaba puesto antes de salir.
Su voz nunca se cansa de hablar o aconsejar,
porque su idioma es cuidar.
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Pre-Coro (0:55 – 1:10)
Y aunque a veces no entendía su preocupación,
hoy sé que era amor en su forma más simple.
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Coro (1:10 – 1:40)
Son los segundos padres que la vida me dio,
manos cansadas pero lleno el corazón.
Entre historias viejas y consejos sinceros,
me enseñaron lo que vale lo verdadero.
No enseñaban con libros ni diplomas colgados,
solo con paciencia y años bien vividos.
Y aunque el tiempo pase y cambie la estación,
sus palabras siguen siendo dirección.
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Verso 2 (1:40 – 2:20)
El abuelo hablaba poco pero cuando lo hacía,
sus palabras pesaban más que teoría.
Con números exactos, mente clara y razón,
explicaba la vida como una ecuación.
Decía que la calma también es inteligencia,
que escuchar primero es parte de la experiencia.
No gritaba fuerte para demostrar poder,
su respeto se sentía solo con verlo ser.
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Puente (2:20 – 2:40)
Ellos no buscaban fama ni reconocimiento,
solo vernos crecer contentos.
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Verso 3 (2:40 – 3:05)
Hoy entiendo el valor de cada consejo,
cada historia guardada en su espejo.
Porque el mundo corre y olvida mirar,
pero ellos enseñan a caminar.
La abuela con su voz que nunca se calla,
y el abuelo con su mente que nunca falla.
Dos corazones que dieron más de lo que tenían,
sin pedir nada… solo vernos cada día.
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Coro Final (3:05 – 3:30)
Son los segundos padres que la vida regaló,
raíces profundas que el tiempo sembró.
Y aunque un día el camino nos lleve lejos,
seguiremos viviendo dentro de sus consejos.
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Outro (3:30 – 3:45)
Porque los abuelos no solo cuentan historias…
también construyen las nuestras.