Ayer hablé con Dios, sentado en mi silencio,
le conté mis heridas, mis errores y mis miedos.
Le dije que la vida me había golpeado duro,
que a veces el camino se me hacía oscuro.
Le hablé de las caídas y de noches sin dormir,
de sueños que persigo y no dejo de construir.
Le pregunté por qué tanto dolor en mi destino,
y me dijo: “Hijo mío, sigue firme en tu camino.”
Coro
Ayer hablé con Dios y me devolvió la calma,
me recordó que la fe es el alimento del alma.
Que aunque el viento sople fuerte y me quiera derribar,
los guerreros de verdad nunca dejan de luchar.
Ayer hablé con Dios y sentí su compañía,
me enseñó que después de la noche llega el día.
Que los golpes de la vida son lecciones para crecer,
y que nunca está perdido el que vuelve a creer.
Verso 2
Le hablé de mi familia, de mi gente y mis hermanos,
de los que siguen conmigo y de los que se marcharon.
Le pedí fuerza pa’ seguir cuando falten energías,
y me dijo: “No estás solo, yo te cuido cada día.”
Recordé los campos verdes y el trabajo bajo el sol,
las raíces de mi raza y el orgullo de mi voz.
Porque vengo de la lucha, de sudor y sacrificio,
y cada paso que he dado ha tenido su precio.
Coro
Ayer hablé con Dios y me devolvió la calma,
me recordó que la fe es el alimento del alma.
Que aunque el viento sople fuerte y me quiera derribar,
los guerreros de verdad nunca dejan de luchar.
Final
Y si mañana vuelvo a caer en la batalla,
sé que habrá una luz brillando cuando todo se apaga.
Porque ayer hablé con Dios y entendí la realidad:
que la fe mueve montañas… y también la voluntad.