¿Qué hago con mi vida?
¿A donde voy?
No sé en quién me he convertido...
Me miró al espejo y no me veo.
No reconozco a la persona que hay reflejada.
Cegada por la ira o el rencor.
Tan cegada que no recuerdo qué hice.
Segundos y minutos que mi cabeza borra.
El descontrol me ciega.
Se supone que era una etapa cerrada.
Olvidada de mi vida.
Pero hoy todo ese mal ha salido.
Se supone que yo soy una persona buena.
Pero hoy es todo lo contrario.
Tengo un demonio susurrándome al oído.
Yo callándole la boca y él gritando en mi cabeza.
Siento taquicardia y falta de aire.
Noto los latidos de mi corazón palpitar en mis orejas.
Hombros cual enormes piedras postrándose en mi espalda.
Y el sonido cotidiano de la vida se desvanece entre latidos.
No sé a qué he venido a éste mundo.
Si mi presencia es ausencia.
Soy una mota de polvo vapuleada segundo tras segundo.
Y ya no lo soporto más.
Duele cada vez que el aire sube.
Siento que con cada suspiro se me va la vida...
Tengo un demonio susurrándome al oído.
Dice qué todo lo que hago no es productivo.
Me aborrece la rutina pero me obsesiono con los detalles de lo cotidiano.
El tiempo pasa volando pero a veces siento que cada segundo es eterno.
Me miro al espejo y no me reconozco.
Cada día lucho por ser diferente.
No soy aquella niña temblorosa.
Que inocente y miedosa callaba lo que sentía.
Ahora ya soy más auténtica y espontánea.
Tengo un demonio gritándome al oído.
Quiero callarlo y sacar los malos pensamientos.
A pesar de lo malo sigo luchando.
Ya no callo lo que me parece mal.
No me muerdo la lengua, ni me ahogan mis palabras.
Aúnque el demonio me grite al oído.
Mi ángel me sana y me hace ser real.
Él siempre estuvo conmigo susurrándome al oído.
Por fin me di cuenta, lo valioso que es vivir.
El tiempo es el templo en que quiero morir.
El ángel de mi vida me guió hasta allí.
Soy fuerte y valiosa por él.
Mi ángel, mi vida.
Él me hizo renacer.
Me salvo por ti.