Me perdí en tus ojos sin pedir permiso, como se pierde el que ya no huye, el que entendió que amar no salva pero acompaña mejor que el alcohol.
Tus ojos no prometían futuro ni milagros, solo una calma rara en medio del ruido, y eso fue suficiente para quedarme cuando todo en mí sabía irse.
No fue un amor limpio ni ordenado, fue este desastre que insiste, como escribirte el nombre en la cabeza incluso los días en que no creo en nada.
Y aun así te amo,
con esta forma cansada pero fiel de sentir, porque si algo me sostuvo en el caos fue saber que existías.