(Verso 1)
Te evoco en el silencio de esta luna,
con la certeza dulce de tu adiós.
No busco culpas,
no pregunto a ninguna estrella por la ruta de tu voz.
Qué frágil fue la seda de tu risa,
qué breve el verano en tus pupilas.
Pero hasta hoy, mi fe no se le avisa
que estás ausente en todas mis vigilias.
(Coro)
Si tu piel, hoy no toca mi piel,
se me va la vida gota a gota, lentamente.
Eres la única verdad que conocí fiel,
y mi alma te persigue eternamente.
No es un recuerdo, eres mi única certeza,
la razón sublime que me salva del final.
Vivo prisionero de tanta belleza,
en un ritual de amor que es ya mi principal pesar.
(Verso 2)
Me basta con saber que aún respiraste
cerca de mí, una mañana cualquiera.
Las horas que a mi lado regalaste
son la única luz en mi ceguera.
Pensar en tu retorno es un exceso,
una ilusión que quiebra mi cordura.
Pero el deber de mi último beso
es mantener por ti esta llama pura.
(Coro)
Si tu piel, hoy no toca mi piel,
se me va la vida gota a gota, lentamente.
Eres la única verdad que conocí fiel,
y mi alma te persigue eternamente.
No es un recuerdo, eres mi única certeza,
la razón sublime que me salva del final.
Vivo prisionero de tanta belleza,
en un ritual de amor que es ya mi principal pesar.
(Puente)
¿Qué vale el tiempo que pasó, si sigue atado a ti?
Para este amor no existe el infinito.
Si me resigno, es a morir aquí,
sabiéndote la dueña de mi espíritu.
(Outro)
Principal pesar...
Seda que se fue en la voz...