(Música suave y celestial, un arpegio de guitarra y un coro de fondo) celestial
(Verso 1)
En un rincón del universo, la Tierra gira y gira,
un tapiz de colores que el gran Padre admira.
Con su amor inmenso nos da el sol, el aire, el mar,
su santa misericordia que no se cansa de dar.
Nos caemos mil veces, nos perdemos sin razón,
y Él, con paciencia, nos ofrece su perdón.
Nos brinda bendiciones que a veces no vemos,
tesoros del alma, los que a veces no tenemos.
(Coro)
Gloria, gloria al Padre en lo más alto del cielo,
por su gran bondad, por su infinito anhelo.
Él nos da la vida, nos llena de esperanza,
su mano nos guía, su amor nos alcanza.
Y junto a Su Hijo, Jesús, el Salvador,
y la Virgen María, la Madre de nuestro amor.
Con ángeles y santos que velan por nosotros,
nos mantienen a salvo, luchando por todos.
(Verso 2)
Pero hay almas puras, con fe y gran corazón,
que en la oscuridad nos muestran la dirección.
Con plegarias sinceras, penitencias y ayuno,
con obras de caridad que nos hacen uno a uno.
Sus oraciones son un faro en la noche oscura,
un bálsamo para el alma, una cura segura.
Por ellos, la tierra respira y florece la vida,
un canto de fe que en el cielo se anida.
(Coro)
Gloria, gloria al Padre en lo más alto del cielo,
por su gran bondad, por su infinito anhelo.
Él nos da la vida, nos llena de esperanza,
su mano nos guía, su amor nos alcanza.
Y junto a Su Hijo, Jesús, el Salvador,
y la Virgen María, la Madre de nuestro amor.
Con ángeles y santos que velan por nosotros,
nos mantienen a salvo, luchando por todos.
(Puente)
Con el recuerdo de nuestros ancestros que nos ven desde allá,
en cada estrella, en cada rayo de luz que nos da.
Son la prueba viva de que la fe no se va,
un legado de amor que siempre nos cuidará.
(Outro)
Oh, gran Padre, recibe nuestro humilde canto,
por la vida, la tierra, y todo lo que has dado, santo.
(Coro susurrado) Amén, amén, amén.
(El sonido de la guitarra se desvanece, las voces del coro se alejan lentamente).