Me fui sin ruido, antes que el sol se afile,
la caña al hombro y el alma a gatas.
El mar me llamó con su lengua de sal,
como un dios que castiga con calma.
No hay motor, ni lancha, ni red,
sólo yo y la ansiedad, vieja amante.
Los pies en la arena, el pecho en la niebla,
y un anzuelo vacío que canta.
[Verso 2]
No es por peces que cruzo la espuma,
ni por hambre ni por moneda.
Es el silencio… ese que pesa más
que cualquier mentira sincera.
Y no te preocupes, amor, no es fuga,
ni trampa, ni sombra ajena.
Es la orilla la que me arrastra
a olvidarme de mí, sin pena.
Es mi ilusión de Pescaarrrrr
[Estribillo]
Pescar es creer en lo invisible,
es rezar sin dios, ni fe, ni templo.
Es mirar al mar como a un padre que nunca
te enseñó a llorar por dentro.
[Verso 3]
El mar me habla en lenguas que olvido,
me grita cosas que ya sé.
Dice que el que busca consuelo en el agua
es porque arde por dentro también.
Y vos, mi cómplice de techo y sombra,
no enciendas dudas esta vez.
Volveré sin pesca ni gloria
pero con la cabeza al revés.
[Estribillo]
Pescar es jugarle al abismo,
es tentar la suerte de no hallar nada.
Y volver a casa con las manos vacías,
pero el alma… un poco más clara.
[ Recitado, casi en susurro]
Me fui a la costa, amor…
no a escapar de vos…
sino de mí.