Querían vivir el matrimonio en pleno noviazgo,
como si el amor fuera un traje listo para usar,
sin medir tallas, ni tiempo, ni costuras del alma.
Jugaron a sembrar lunas en tierra todavía húmeda,
creyendo que una promesa florece porque sí,
que el corazón es un río que nunca cobra desbordes.
Ay, ironía dulce: querer cosechar futuro
mientras aún no saben ni regar el presente.
Confundieron la sexualidad con una llave maestra,
pensando que abrir todas las puertas era madurez.
No vieron que algunas habitaciones cobran peaje:
silencios, miedos, dudas, ventanas rotas.
Y caminaron con prisa, como quien lee un libro al revés,
saltándose capítulos que enseñan a amar sin arder.
Qué curiosa comparación:
querer fuegos artificiales diarios
sin notar que el humo termina empañando la vista.
Coro
No corras… que el amor que se fuerza se vuelve espejismo,
castillo de humo pintado con manos temblorosas.
No creas… que vivir todo antes de tiempo te hará más sabio,
a veces la prisa es solo un disfraz del vacío.
Cuida el alma… que el cuerpo no es brújula para decisiones eternas,
y el corazón se quiebra fácil cuando lo usan para ensayos.
Ama lento… que lo eterno nunca ha tenido miedo de esperar.
Nathanaelle, Nathanaelle