[INTRO — viento, campanas, piano oscuro y coro distante]
De profundis clamavi ad Te…
Desde lo profundo clamé a Ti…
La noche pronunció mi nombre,
el silencio cavó dentro de mí.
Mis pensamientos eran cadenas,
mi mente se convirtió en prisión.
Cada amanecer parecía una batalla
que ya no quería combatir.
Sonreía delante de los hombres
mientras por dentro me desmoronaba.
Nadie veía la tormenta.
Nadie escuchaba
aquel grito silencioso.
Y lentamente…
dejé de preguntarme cómo vivir
y comencé a preguntarme
cómo desaparecer.
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[VERSO I — tremolo picking / blast beats]
Caminaba entre ruinas de mi mente,
arrastrando cadenas dentro de mí.
Cada pensamiento era una herida,
cada recuerdo me hacía sangrar.
La angustia apretaba mi garganta,
la tristeza devoraba el corazón.
Mi rostro escondía una guerra
que nadie podía contemplar.
¡OSCURIDAD!
Como hierro sobre mi pecho.
¡SOLEDAD!
Como invierno sobre mi alma.
¡ANGUSTIA!
Golpeando las puertas de mi mente.
¡DESESPERANZA!
Susurrándome:
“Ya no existe camino.”
Creí que la muerte era una puerta.
Creí que desaparecer
podía terminar el dolor.
Creí que mi historia
había llegado al último renglón.
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[PRE-CORO — creciente orquestal]
Descendí…
hasta el fondo de mí mismo.
Sin fuerzas.
Sin palabras.
Sin horizonte.
Mis manos temblaban.
Mi corazón estaba cansado.
Y cuando ya no podía encontrar
una sola razón para continuar…
levanté una oración quebrada:
“¡DIOS…
SI TODAVÍA PUEDES OÍRME…!”
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[CORO I — épico / voces rasgadas + coro sinfónico]
¡JESUCRISTO VINO A MI ENCUENTRO!
Cuando mis fuerzas terminaron.
Cuando mi alma gritaba desde el suelo,
¡TUS MANOS ME LEVANTARON!
¡DESCENDISTE A MI ABISMO!
Cuando yo ya no podía subir.
Atravesaste mi noche.
Entraste en mi dolor.
Y cuando pensé
que todo había terminado…
¡EL NAZARENO PRONUNCIÓ MI NOMBRE!
Y escuché:
“NO TEMAS…
PORQUE YO TE REDIMÍ.”
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[INTERLUDIO — guitarra limpia / coros etéreos]
Cuando pases por las aguas…
Yo estaré contigo.
Cuando pases por los ríos…
no te anegarán.
Cuando pases por el fuego…
no serás consumido.
Porque tú eres mío.
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[VERSO II — riff disonante / batería extrema]
Yo había condenado mi existencia.
Tú pronunciaste misericordia.
Yo solamente veía sepulcros.
Tú viste una historia
que todavía podía continuar.
Donde había culpa,
pusiste gracia.
Donde había lágrimas,
pusiste consuelo.
Donde la desesperanza
había construido cadenas,
Cristo llegó con libertad.
No fue una religión fría.
No fueron palabras vacías
lanzadas contra mi dolor.
Fue el Nazareno
entrando en mis heridas.
Fue el Crucif