Con 14 años y un sueño en el alma,
con guantes en mano y mirada que manda.
Desde que era niño le aprendí a la vida,
la pelea es dura, pero no intimida.
Mis gallos me enseñan lo que es el coraje,
no se echan pa’ atrás cuando hay un mensaje.
Los entreno diario, con todo respeto,
como mi apá me enseñó: firme y completo.
Soy el hijo del guante y del gallo,
de los que caen pero nunca se rajan.
Mi padre a mi lado, firme en la raya,
me enseñó a ser hombre, no solo de facha.
Y aunque el mundo me quiera probar,
no me doblo, no pienso parar.
¡Ey! Soy boxeador de verdad,
con los guantes y la vida pa’ pelear.
El respeto no se compra, se gana en la calle,
con sudor, disciplina y no con detalles.
Mi viejo me dijo: “Hijo, sé cabal,
ser hombre no es duro, es ser leal.”
Cuando caigo, me levanto más fuerte,
no hay miedo, solo enfrento la suerte.
El ring me espera, y yo no me escondo,
traigo fuego en el alma, y voy con todo.
Soy el hijo del guante y del gallo,
de los que caen pero nunca se rajan.
Mi padre a mi lado, firme en la raya,
me enseñó a ser hombre, no solo de facha.
Y aunque el mundo me quiera probar,
no me doblo, no pienso parar.
¡Ey! Soy boxeador de verdad,
con los guantes y la vida pa’ pelear.
Esto no es un juego…
Esto es el camino de los que no se rinden.
Gracias, apá.
Yo peleo… por lo que somos.