Verso 1
En un rancho entre los cerros, donde canta el gavilán,
don Ernesto sembró sueños que su abuelo fue a heredar.
Cada surco de esa tierra llevaba sangre y sudor,
era orgullo de la familia, era vida, era honor.
Pero al otro lado del río vivía un hombre ambicioso,
don Mateo codiciaba aquel terreno tan hermoso.
Decía que por viejos pleitos esa tierra era de él,
y juró quitársela un día, costara lo que costara.
Coro
Ay, maldita sea la tierra cuando manda la ambición,
por un puño de hectáreas se pudrió hasta el corazón.
Padres, hijos y los nietos heredaron el rencor,
y sembraron más balazos que semillas de maíz y flor.
Verso 2
Pasaron muchos inviernos, cambiaron nombres y edad,
pero nunca aquel coraje ni las ganas de pelear.
Los hijos siguieron pleitos que jamás pudieron ver,
solo oían las historias de lo que "había que defender".
Quemaron cercas y cosechas, robaron ganado también,
cada golpe era venganza por lo que pasó ayer.
Los niños crecían jurando no dejarse derrotar,
sin saber que ese camino solo llevaba al funeral.
Coro
Ay, maldita sea la tierra cuando manda la ambición,
por un puño de hectáreas se pudrió hasta el corazón.
Padres, hijos y los nietos heredaron el rencor,
y sembraron más balazos que semillas de maíz y flor.
Puente
Una tarde frente al monte se encontraron frente a frente,
los últimos descendientes de aquel odio tan demente.
Nadie quiso dar un paso, nadie quiso perdonar,
porque el orgullo era más grande que las ganas de vivir en paz.
Verso Final
Sonaron fuertes los disparos, el silencio los cubrió,
los dos hombres cayeron juntos donde todo comenzó.
La tierra quedó vacía, sin un dueño, sin color,
solo cruces recordando el precio del rencor.
Coro Final
Ya no hubo quien la sembrara ni quien la fuera a cuidar,
porque el odio entre familias los terminó de enterrar.
La herencia que se dejaron no fue riqueza ni honor,
fue una tierra abandonada... y una historia de dolor.