Desde abajo empecé,
nadie me regaló nada…
pa’ mi padre hasta el cielo
y pa’ los que sí creyeron.
Empecé vendiendo gelatinas
en camiones de ciudad,
con los sueños bien guardados
y la fe por delante, ah.
No hubo lujos ni comodidades,
solo ganas de avanzar,
porque el que nace batallando
aprende a no mirar atrás.
Mi padre siempre me decía
con la voz llena de razón:
“Quiero verte de trailero,
manejando con honor
De gelatinas al tráiler,
del sudor al volante,
muchas puertas se cerraron
pero yo seguí constante.
Gracias viejo, desde el cielo,
todo esto es por su amor,
y al Chepe por su palabra
que me dio fuerza y valor.
Con esfuerzo me compré un Tsuru,
dos mil ocho fue el modelo,
de ahí le seguí al urbano
sin bajarle ni un momento.
Me miraron por encima,
me dijeron que no iba a poder,
pero el hambre de salir adelante
no se aprende, se trae.
Fue ahí donde llegó el Chepe
con consejo y con lealtad:
“Si yo pude, usted también,
no se vaya a rajar”.
De gelatinas al tráiler,
del sudor al volante,
muchas puertas se cerraron
pero yo seguí constante.
Gracias viejo, desde el cielo,
todo esto es por su amor,
y al Chepe por su palabra
que me dio fuerza y valor.
Hoy manejo carretera
pensando en lo que costó,
cada kilómetro recorrido
me recuerda quién soy yo.
De gelatinas al tráiler,
hoy la meta se alcanzó,
no fue suerte ni dinero,
fue trabajo y corazón.
Gracias viejo, desde el cielo,
míreme, aquí sigo yo,
soy troquero y no me olvido
de dónde todo empezó.
Pa’ mi jefe hasta el cielo…
y pa’l Chepe, respeto eterno.