Suena el requinto, señores,
la historia voy a cantar,
de un hombre muy aventado
Chava se hace llamar
que se enseñó a trabajar,
allá por la orilla del agua
donde el sol suele quemar.
Chava se llama el amigo,
desde plebe le buscó,
al lado de su viejo
la pesca él conoció,
entre redes la laguna
en su infancia navegó.
Pero el destino es de uno
y él se quiso ir a buscar,
aunque respeta ese lago
otro rumbo fue a trazar,
dejó los anzuelos lejos
para ponerse a forjar.
Cambió las redes por fierros
y el soplete dominó,
en el arte del acero
su camino construyó,
con esfuerzo y disciplina
su destino transformó.
Hoy las cosas son distintas,
la moneda ya giró,
su propio negocio tiene
porque nunca se rajó,
aunque no lo vean sudando
su suerte ya la cambió.
No olvida de dónde viene
ni el lugar donde empezó,
cada que mira hacia el agua
recuerda lo que vivió,
pero el negocio camina
gracias a lo que emprendió.
Con una cerveza fría
le agradece mucho a Dios,
y a su esposa tan querida
que siempre lo apoyó,
¡no se me raje, compa Chava,
que aún viene lo mejor! Y está se va asta Ocotlán mi viejo...