Felicidad, cuanto enojo
toda una vida para buscarte
Y cuanta terquedad al no encontrate
teniendote ante mis ojos.
Necedad de un gris paisaje,
creyendo que otro sol me alumbraría.
Abandoné mi puerto y mi anclaje
persiguiendo una fantasía.
Y es la Crueldad de aquel antojo
que atormenta los sentidos
que navega suenos y vacios
DIsfrazando el desalojo.
Comprendo al fin, con la mirada clara,
que mi terquedad me hizo el viaje,
y que la dicha más pura y más cara
estuvo siempre en mi equipaje.