GRITOS QUE NADIE ESCUCHA
No quiero promesas,
ni jardines inventados despus de la muerte.
No quiero escuchar palabras vacías
pronunciadas por bocas que jamás tocaron el miedo.
De qu sirve hablar de esperanza
cuando un niño tiembla bajo la lluvia del mundo?
De qu sirve la belleza de los discursos
si nadie seca sus lágrimas?
Veo caer sus ojos sobre el polvo,
ríos invisibles atravesando ciudades dormidas.
Escucho sus gritos,
ecos perdidos en la costumbre de la indiferencia.
La humanidad aprendió a mirar hacia otro lado.
Construimos monumentos, teorías y banderas,
pero olvidamos lo esencial:
tomar la mano de quien se rompe en silencio.
Hay adultos llenos de palabras suaves,
de amor escrito en libros y paredes,
pero incapaces de abrazar el dolor real
cuando respira frente a ellos.
Y mientras tanto,
los niños siguen sangrando.
Sus pulmones arden de miedo,
sus manos pequeñas buscan refugio,
y el mundo responde con silencio,
con analysis con discursos que jamás detienen una bala
ni calman una pesadilla.
A veces pienso
que el amor no debería explicarse,
sino demostrarse aquí, ahora,
en la herida abierta de alguien que necesita consuelo.
Porque el futuro no salva el presente.
Ninguna promesa le devuelve la infancia
a quien aprendió demasiado pronto
que la vida también puede ser cruel.
Y yo solo puedo observar,
sentir el peso de cada lágrima,
escribir para no convertirme en piedra,
para no acostumbrarme al horror.
Escribir como quien enciende una pequea luz en medio de una habitación vacía
Porque la conciencia no puede callar.
Porque incluso en un mundo cansado y frio, el amor sigue siendo
la única respuesta que no debera llegar tarde.
Y aun así los niños lloran.
Y sus gritos siguen atravesando la tierra.