[Intro]
Dicen que los hombres no lloran,
pero yo lloré en silencio…
por el viejo que me enseñó lo que es tener respeto.
[Verso 1]
Mi viejo el abuelo, mi guía, mi ley,
en sus manos vi trabajo y también la fe.
Siempre firme, sin lujos, pero con palabra,
me enseñó que el que promete, cumple y no habla.
Recuerdo las tardes con olor a café,
su voz tranquila, su forma de ver.
Él fue mi padre sin tener su apellido,
me dio valores que nunca se han perdido.
[Verso 2]
No alcancé a despedirme, y eso aún me quema,
partió sin aviso, dejándome el lema:
“Camina derecho, aunque el mundo se tuerza,
y nunca traiciones, aunque el alma se pierda.”
Desde entonces cargo su sombra a mi lado,
su voz me guía cuando ando extraviado.
Sé que allá arriba, con la mirada serena,
me cuida el viejo, quitándome penas.
[Puente]
Y si la vida me da un trago amargo,
recuerdo su risa, y vuelvo a ser fuerte.
Porque aunque el cuerpo se va con la muerte,
las enseñanzas viven pa’ siempre.
[Outro]
Por eso brindo por ti, mi viejo querido,
por cada consejo que no se me ha ido.
Sé que el cielo te tiene en su mejor asiento,
mi viejo el abuelo… siempre en mi pensamiento.