En Brooklyn vive una Chapina de fuego,
con sueños que cargan el peso del cielo.
Madre valiente, guerrera sin pausa,
la vida le ha dado espinas… pero nunca le quitó el alma.
Caminaba sola entre trenes y frío,
buscando un abrazo que nunca fue suyo.
Pero el destino, terco y poeta,
le guardaba un milagro en la puerta.
Y llegó él… con acento de tierra y de sol,
con la fe del sur tatuada en la voz.
Un caballero criado en amor,
que aprendió que Dios y familia son el mismo corazón.
Ay, mi Chapina de Brooklyn,
tu historia se escribió en las estrellas.
Él te tomó de la mano
y te enseñó que el amor también vuela.
Chapina de Brooklyn, mi reina,
él te mira y el mundo se queda sin prisa.
Dos almas que el tiempo no rompe,
dos vidas que Dios hizo una sola sonrisa.
Ella, que nunca sintió un “quédate”,
ni un hombre que luchara por verla florecer.
Él, con su calma de campo y de fe,
le dijo: “Mi vida, contigo quiero envejecer.”
Le cocinó esperanza, le habló de futuro,
le mostró que el amor no es un lujo, es un rumbo.
Y ella, temblando, soltó su pasado,
porque en sus brazos encontró su hogar soñado.
Y él la cuida como a un tesoro sagrado,
como si el universo entero la hubiera encargado.
Ella ríe, y el mundo se enciende,
porque amar así… solo el destino lo entiende.
Ay, mi Chapina de Brooklyn,
tu historia se escribió en las estrellas.
Él te tomó de la mano
y te enseñó que el amor también vuela.
Chapina de Brooklyn, mi reina,
él te mira y el mundo se queda sin prisa.
Dos almas que el tiempo no rompe,
dos vidas que Dios hizo una sola sonrisa.
Baila, mi vida, que el tiempo no espera,
que el sur y Guatemala hoy comparten bandera.
Tus lágrimas viejas ya no tienen dueño,
porque él te sembró libertad en el pecho.
Chapina de Brooklyn, mi cielo,
él llegó para amarte sin miedo.
Y tú, que luchaste sola mil inviernos,
hoy encuentras calor en su abrazo eterno.
Chapina de Brooklyn, mi vida,
su amor te cambió las heridas.
Porque hay historias que nacen divinas…
y la tuya, mi amor, ya estaba escrita.