(Intro hablando voz grave)
Ey…
Dicen que madre solo hay una…
Mamá, hoy quiero decirte cuánto te amo…
Haaay Nomaaas!
(VERSO 1 agresivo, tumbado, bíblico)
Mamá… tus ojos son faroles que Dios puso pa’ que vea,
cuando andaba entre tinieblas, tú orabas y Él me pelea.
Tu voz baja como Salmo cuando el alma se me quiebra,
y tu fe… una espada vieja que a los gigantes me enfrenta.
Crecí viendo tus rodillas peleando por mi destino,
mientras el enemigo hablaba, tú clavada en Filipenses cinco.
Si yo caía, tú con Cristo me alzabas del lodo,
y entendí que Su poder es real… no es solo un coro.
(requinto marcando, tololoche tumbando bravo)
PRE-CORO (pesado, trompetas suaves)
Y aunque el mundo quiso apagar tu luz,
Jehová la subió más fuerte… nadie la tumbó.
(CORO directo, pegajoso)
Tú eres mi milagro, regalo del Señor,
rostro de Su gracia, prueba de Su amor.
Gracias, Dios mío, por su vida y su oración,
por cada madrugada donde pidió protección.
Mamá, desde el primer latir te vi,
y en tus brazos supe que Cristo estaba ahí.
Cada vez que oro y miro hacia el cielo,
pido tu amor eterno, firme y verdadero.
(trompetas fuertes en la última línea)
(VERSO 2 más calle-cielo, más agresivo)
Mujer de Proverbios, firme aunque tiemble el piso,
tu fe no se raja, aunque el mundo te haya hecho trizas.
Te vi quebrarte en silencio, pero hablar con el Altísimo,
como David en batalla confiando en lo imposible.
Tus manos traen historias que solo Dios escribió,
caricias, guerras, milagros que el tiempo no borró.
Y cuando la enfermedad quiso verte caer,
te aferraste al Nazareno… y la viste retroceder.
(PRE-CORO más subido, con trompetas)
Los años vuelan, mamá, pero tu espíritu no,
permanece como en Hebreos… firme en la fe de Dios.
(CORO)
Tú eres mi milagro, regalo del Señor,
rostro de Su gracia, prueba de Su amor.
Gracias, Dios mío, por su vida y su oración,
por cada madrugada donde pidió protección.
Mamá, desde el primer latir te vi,
y en tus brazos supe que Cristo estaba ahí.
Cada vez que oro y miro hacia el cielo,
pido tu amor eterno, firme y verdadero.
(PUENTE)
Ay mamá… mi alma corre a tu voz como caballo en contraluz,
porque contigo aprendí que el amor más grande
es el que viene de Jesús.
Tus palabras son consejo que al diablo lo deja quieto,
y tu oración… pura bala que pega directo.
Cuando la tristeza intenta entrar,
tu plegaria suena y se tiene que largar.
Me enseñaste a amar, a creer, a perdonar,
y en tus ojos, mamá, veo al Mesías brillar.
(trompeta larga, requinto llorando)
CORO FINAL (más épico, más duro)
Eres mi milagro, mi canto más real,
mi refugio en la tierra, mi abrazo celestial.
Y cuando en tus ojos vea la eternidad,
sabré que el amor en Cristo nunca va a terminar.
Mamá, eres un regalo que el cielo firmó,
obra perfecta salida del corazón de Dios.
OUTRO (tumbado, requinto y tololoche lento)
Gracias, mamá, por tu vida llena de fe,
por ser mi norte, mi ancla, mi razón de creer.
En la lucha, en la gracia, en lo que vendrá,
sigues siendo mi milagro… y siempre lo serás.