Dejé la copa, el humo y la mentira en la banqueta,
pero nadie me advirtió que el vacío no se receta.
Dicen “vas ganando”, yo sonrío por inercia,
mientras cargo un cementerio de preguntas en la conciencia.
No recaigo en sustancias, recaigo en expectativas,
en creer que existe un alma con la frecuencia de la mía.
La ciudad vende sonrisas con descuento en las vitrinas,
pero nadie vende paz cuando la ansiedad domina.
Voy haciendo lo correcto aunque me rompa por dentro,
porque sé que el atajo siempre cobra con intereses.
Todos quieren conexiones, pocos quieren compromisos,
por eso tantos abrazos terminan siendo improvisos.
[Coro]
Y si existe ese lugar donde dos verdades se cruzan,
que el destino me lo muestre antes que la fe se reduzca.
No quiero otro anestésico disfrazado de placer,
quiero un corazón sincero que me enseñe a renacer.
Mientras tanto sigo firme aunque la noche pese más,
porque perderme sería regalarle otra victoria al caos.
[Verso 2]
El espejo me pregunta por qué sigo resistiendo,
si el mundo recompensa más al que vive fingiendo.
Yo respondo que mi alma nunca estuvo en venta,
aunque a veces la esperanza llegue tarde a la tormenta.
He conocido personas con discursos impecables,
pero acciones tan vacías como edificios inhabitables.
Aprendí que la lealtad no se escribe con promesas,
se demuestra cuando todo alrededor pierde belleza.
No me duele estar solo; me duele estar rodeado
de máscaras que confunden lo real con lo ensayado.
Prefiero caminar lento con la frente levantada
que correr hacia destinos donde el alma queda olvidada.
[Puente]
Quizá mi adicción jamás fueron las drogas,
quizá fue imaginar que alguien curaría mis sombras.
Ahora entiendo que primero debo ser mi propio hogar,
para que quien llegue un día tenga dónde descansar.
[Verso Final]
Si mañana la conozco, que me encuentre diferente,
no buscando un salvavidas, sino un corazón valiente.
Porque amar no es depender ni llenar un agujero,
es construir un universo donde caben dos sinceros.
Y si nunca llega ese milagro que imagino,
seguiré siendo el dueño del volante en mi camino.
Que la vida me golpee, que el destino contradiga,
prefiero caer de pie que vivir toda una vida de rodillas.
No vine a coleccionar aplausos pasajeros,
vine a salir del laberinto sin traicionarme primero.
Porque el verdadero triunfo no es que el mundo te celebre;
es poder dormir en paz cuando el silencio te recuerde.