En el ochenta y cinco cayó,
Miguel Torres pa’ la historia nació.
Por veredas y montes lo vieron,
en caballo siempre lo miraron.
De morro ya traía el respeto,
hoy su nombre retumba en el viento.
Son cortos los años que tiene,
pa’ lo mucho que el Wilo ha logrado.
Con trabajo y con mano sincera,
a su gente jamás ha dejado.
Sombrero tumbado en la frente,
y el Janco su caballo de al lado.
Recuerdos que duelen en vida,
el destino le puso la herida.
Perdió al padrino, ejemplo de hombre,
Armando Nieto dejó su nombre.
De nobleza la tierra está llena,
y en la gente su huella resuena.
Cuando llega al rancho, hay polvadera,
se levanta caballos y fiestas.
Unos vienen a ver las carreras,
otros buscan las riñas de apuestas.
Entre plebes, caballos y gallos,
se respira respeto y trabajo.
Hoy la vida le cumple sus sueños,
“El Willo” ya suena en los terrenos.
El apoyo más grande que tiene,
es su padre, su guía en el ruedo.
En la cima se mira tranquilo,
con la frente en alto y estilo.
Cala Cuaya y Rancho Blanco saben,
que Miguel desde plebe fue clave.
Con sudor se ganó lo que tiene,
y su historia de calle lo avale.
“Si regreso, regreso al mando”,
dice firme con voz retumbando.
Este corrido quedó plasmado,
con cariño y respeto aclarado.
Pa’l comandante Wilo de frente,
hombre firme, leal con su gente.
Desde el barrio se escucha el sonido tumbado,
Music Lab creando con estilo.