Caballo perdido
en la ciudad,
a cada grito
va corriendo
sin parar.
Muy asustado,
no deja de galopar.
Ratas, gatos y perros,
casi todos leprosos,
no lo dejan de amenazar.
Sigue hacia el bosque
en busca del aire,
en una carrera contra el tiempo.
Hasta las afueras, lo más pronto,
tiene que llegar
porque está en el campo
su verdadero lugar.
Sólo allí podrá respirar.