(Verso 1)
Yo soñaba con tus manos,
arrugadas junto a las mías,
mirando pasar los años
desde un porche en la tardecita.
Te imaginaba a mi lado,
cada paso, cada herida,
como el amor de esos cuentos
que no terminan en despedidas.
(Verso 2)
Yo te amaba con el alma,
sin medida y sin razón,
eras tú mi mejor calma,
mi refugio, mi canción.
Nunca cruzó por mi mente
fallarte ni un solo día,
porque eras mi presente,
mi futuro, mi alegría.
(Coro)
Nunca lo dudé,
tú eras la mujer
con la que quería envejecer,
verte canosa, abrazarte en la mecedora,
bailar despacito aunque el cuerpo ya no pueda más.
Nunca lo dudé,
yo fui fiel de piel
y también de corazón,
si tú supieras que aún sueño con tu voz,
aunque el destino nos rompiera el plan.
(Verso 3)
Y si preguntas por qué lloro
cuando alguien menciona tu nombre,
es porque amarte de ese modo
no se olvida, no se esconde.
Yo tenía una vida entera
planeada con solo amarte,
pero a veces hasta el alma
se nos rompe sin avisarte.
(Coro final)
Nunca lo dudé,
tú eras la mujer
con la que quería envejecer,
verte canosa, abrazarte en la mecedora,
bailar despacito aunque el cuerpo ya no pueda más.
Nunca lo dudé,
yo fui fiel de piel
y también de corazón,
y si hoy escribo esta canción
es porque amarte fue mi mayor bendición.
(Cierre – suave)
Yo soñaba contigo…
y jamás… te fallé.