Desde la Perla Tapatía, sale un saludo sincero
con el cariño del mundo, para un amigo de acero.
Abran paso a la noticia, que el corrido ya empezó
es la historia de Alfredo, que la vida le caló.
Allá por el Chomo lo conocen, un hombre de gran valor
desde niño la perreó, bajo la lluvia y el sol.
Le batalló desde chico, buscando el pan cada día
haciéndole a lo que fuera, con pura gallardía.
Se subió al volante un tiempo, de taxista le buscó
luchaba fuerte en la calle, pero el destino le cobró.
Por una mala decisión, en las drogas se perdió
y el tesoro de su familia, por poco y lo abandonó.
Golpes que da la existencia, el alma le quebrantaron
a su padre y a su hermano, del camino le quitaron.
Pero Dios no lo dejó, cuando el fondo ya tocaba
le mandó una mano amiga, cuando más la necesitaba.
Apareció un buen amigo, de esos que hay muy poquitos
César le tendió la mano, y lo sacó del abismo.
Hoy Alfredo es otro hombre, la fe lo pudo rescatar
y en Tlapanaloya diario, se le mira trabajar.
Vendiendo jugos temprano, con esfuerzo y con esmero
junto a su esposa Yuli, que es su amor verdadero.
Aquel amigo desde Guatos, siempre le manda el aliento
"¡Échele ganas, mi Chomo!", dice César al momento.
Ya me despido cantando, con orgullo y bendición
la historia de un hombre fuerte, que cambió su corazón.
De Guadalajara a México, el saludo se mandó
¡Alfredo sigue adelante, que lo mejor ya llegó!