Esta es una sutil canción de amor para la hija de Dios, aquella que Él eligió para mí; sirve para inspirarla en sus horas más oscuras. Quiero decirle que ahora sé quién es y que estoy tan ENAMORADO. Dios pensó en todo; Dios, el Gran Maestro Estratega, lo ve todo en nosotros. Todas nuestras historias están escritas, todos nuestros caminos trazados. ¡DIOS, te amo! Ella camina con tanto orgullo, pues es una Reina de Dios; es justa y mucho más. Ella me ayudará cuando Dios así lo disponga; por ahora, espero y rezo por ella. Las pruebas, las tormentas que soplan en su camino, están ahí para hacerla quedarse y fortalecer su determinación, pues ella no será débil ni frágil; solo conmigo mostrará su vulnerabilidad y su amor, ya que yo la protegeré cuando Dios así lo quiera. Todo esto lo llevo en mi corazón, mi cuerpo y mi alma. Dios, el Gran Maestro Estratega: nada se le escapa jamás, ni siquiera su belleza y su dicha, ni el beso de su justicia, pues ella es una MUJER DE DIOS. Esta balada es para ti, pero siempre dando gracias a DIOS por su amor considerado y su obra METICULOSA. Nada de lo que Él crea tiene fallas; son simplemente PRUEBAS en «modo difícil», destinadas a forjarnos FUERTES, pues un LEÓN necesita a sus fuertes LEONAS, tal como el REY LEÓN. Dios siempre estuvo presente allí; esto también se refleja en tu CABELLO, tú, LEONA, tú, HIJA DE DIOS. Nuestro Padre conoce NUESTRA HISTORIA DE AMOR, pues la escribió hace mucho, mucho tiempo —mi niña—, cuando el mundo era una perla, antes de la Caída del hombre, antes de que todo comenzara. Esta es mi BALADA; ahora soy un FLAUTISTA que canta sus versos a viva voz, pues ya no tengo miedo de ninguna manera. Todos mis temores se han ido; todo es gracias a DIOS. Pronto tú también lo sabrás, a través de los suaves susurros que Él te confiará. Gracias, Jesucristo; gracias a la Trinidad; gracias a todos, por ahora...