Comienza proclamando al Señor como luz, salvación y defensa, eliminando el temor ante enemigos, guerras o peligros, y expresando el deseo de habitar en su presencia. El salmista clama por la misericordia divina, buscando el "rostro" del Señor y pidiendo guía y protección contra sus adversarios Concluye con una firme esperanza de ver la bondad de Dios y un llamado a tener valentía y esperar en el Señor El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.
Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.
Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro. R/.
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor