Y aunque me miren entero…
por dentro sigo incompleto…
A los catorce dejé la escuela,
la vida no me dio opción,
cambié los libros por jornadas
y apreté fuerte el corazón.
Yo traía un sueño en la espalda,
más grande que mi edad,
cruzar la línea pa’ ser alguien
aunque me costara la paz.
Fueron diecisiete días en el desierto,
con los labios partidos de sed,
la arena quemando mis pasos
y el miedo pegado a mi piel.
Cumplí veinte sin celebrarlo,
con el cielo como único testigo,
mientras el sol me arrancaba lágrimas
que nadie lloraba conmigo.
Diecisiete días me costó el destino,
diecisiete noches hablando con Dios,
dejé mi casa, dejé a mis padres…
sin saber que era el último adiós.
Hoy tengo fuerza en la mirada,
pero en el pecho traigo un grito,
porque el sueño americano pesa
cuando no están los que más he querido.
Trabajo duro pa’ no pensar,
pa’ que el silencio no me venza,
porque cuando la noche cae
la tristeza siempre regresa.
Me dicen “eres hombre fuerte”,
que nada me tumba ya,
pero hay heridas que no se miran
y que nunca van a sanar.
Madre… padre… si pueden oírme
desde el cielo donde están,
perdónenme por no abrazarlos
cuando los tuve que dejar.
Se fueron y yo en tierra ajena,
sin poderlos acompañar,
mi situación me cerró caminos
y eso no lo puedo olvidar.
No cargué su último peso,
no besé su frente al partir,
solo lloré mirando al cielo…
sintiéndome lejos de ustedes y de mí.
Pero escúchenme bien allá arriba,
porque su hijo no se rindió,
aquí sigue Alexis Luna…
el que por necesidad cruzó.
Les prometo aunque me duela,
aunque me quiebre el corazón,
que voy a honrar su apellido
con trabajo y con honor.
Y el día que vuelva a encontrarlos
cuando Dios me lleve hasta allá,
quiero mirarlos de frente
y que me digan: “Hijo, valió la pena luchar”.
Si escuchan este acordeón llorando,
es mi alma hablando por mí…
porque el hombre que todos miran fuerte
por dentro todavía es un niño
pidiendo volverlos a oír…
Esta canción es un pedazo de mi vida…
la vida de Alexis Luna…