(INTRODUCCIÓN - REQUINTO LAMENTÁNDOSE)
(Hablado con voz ronca y sentimiento, sobre los primeros acordes de la guitarra)
«¡Ay, mi Dios!...
Mucha gente viene a la cantina a llorar un desamor...
Pero hoy yo no vengo a pedir otra copa para olvidar.
Hoy me quito el sombrero... y brindo por lo que de verdad importa.
¡Súbelo, requinto, que esto sale del alma!»
VERSO I
He caminado descalzo por calles de espinas,
he visto la noche tragarse la fe,
el mundo te arrastra, el mundo te ciega,
y a veces se olvida de dónde creció.
Pero al llegar a mi casa me espera el milagro:
un plato en la mesa, el abrazo, el calor,
los ojos de un hijo que curan mi alma,
y el rezo sagrado de mi vieja en un rincón.
CORO
¡Por eso yo brindo con el alma llena!
¡Salud por mi gente, salud por mi hogar!
Agradezco a la vida que cura las penas,
y al amor verdadero que no ha de fallar.
Y a ti, mi Santo Dios, yo te doblo rodillas,
por cada bendición que me das sin pedir,
porque en la tormenta tú eres la orilla,
el aire y la fuerza para revivir.
(¡Oye cómo llora esa guitarra! ¡Dale mambo!)
PUENTE MUSICAL (CORTE DE BONGO Y GUIRA / SOLO DE REQUINTO)
VERSO II
La fama es un viento que viene y se aleja,
el oro no compra un segundo de paz.
¿De qué vale todo el dinero del mundo,
si falta la salud y no tienes a quién amar?
Yo tengo la dicha que el cielo me ha dado,
el pan del trabajo, el sudor de mi piel,
ver a mi familia crecer a mi lado,
y un Dios que en la sombra siempre me es fiel.
CORO
¡Por eso yo brindo con el alma llena!
¡Salud por mi gente, salud por mi hogar!
Agradezco a la vida que cura las penas,
y al amor verdadero que no ha de fallar.
Y a ti, mi Santo Dios, yo te doblo rodillas,
por cada bendición que me das sin pedir,
porque en la tormenta tú eres la orilla,
el aire y la fuerza para revivir.
SALIDA / OUTRO
(La música baja la intensidad, el requinto hace adornos suaves)
Gracias, Señor... por la salud de los míos.
No te pido riquezas, solo que nunca falte tu bendición.
A mi familia... mi vida entera.
(Hablado) «Cantinero... guarde la botella. Hoy me voy a casa a abrazar a los míos».
(El requinto se desvanece con un acorde sostenido)