Qué dulce pena embarga el corazón
de Michi, la gatita de Nicolás,
que en esta casa siente un gran vacío,
pues su amigo querido ya no está.
Sus ojos ámbar, antes tan brillantes,
hoy reflejan la sombra del pesar,
pasea sigilosa por los cuartos,
buscando aquella voz para ronronear.
En el sillón donde solían acurrucarse,
solo encuentra el recuerdo de su calor,
la ausencia de caricias en su lomo
le roba la alegría y el color.
Los días lentos, las noches calladas,
sin el suave murmullo al despertar,
Michi suspira en cada rinconcito,
anhelando sus juegos al azar.
Pero el sol siempre vuelve a iluminar,
y las vacaciones pronto han de acabar,
entonces Michi saltará contenta,
cuando Nicolás vuelva a su hogar.