Ay, cuando el alba me toca,
me despierta tu querer…
y en la garganta me suena
un eco que no sé hacer;
será tu sombra, gitana,
que no me deja perder.
II
Tengo un temblor en la pena
que no lo calma ni el mar…
cuando me quedo en silencio
me vuelve a resucitar;
parece un viento del cielo
que nunca deja de hablar.
III
Ay, que mi voz se deshace
si me acuerdo de tus ojos…
como un quejío en la arena
que se lo llevan los pozos;
pero vuelve, mare mía,
cuando más roto me pongo.