Dicen por ahí —en tono de cachondeo, claro— que ese Joaquín tiene algo. “Ese tiene un qué-sé-yo, un no-sé-qué que se le ve nada más entrar.” Como si llevara una luz encendida en la frente. O como si el mundo se callara cuando él llega.
Y claro, no faltan los comentarios.
Alguien cercano a mí, con esa ironía disfrazada de broma —pero que en el fondo sabe a juicio— solía decirme cosas como: “No sé qué haces yendo tanto a su oficina…” “¿Tú crees que alguien como ese te va a ayudar?” “Eso lo hacen por llenar estadísticas, por ganarse el dinero fácil…” “¿Qué tanto le ves? ¿Qué tanto vas? ¿Qué te hace perder el tiempo?”
No lo decían para hacerme reír. Lo decían para pinchar. Para hacerme sentir que estaba exagerando, soñando, buscando donde no debía. Como si mis emociones tuvieran que pedir permiso para existir.
Y sin embargo, yo seguía yendo.
Porque tú sabes —sí, tú— lo que sentí al entrar en su despacho. Lo que sigue pasando cada vez que lo hago. La calma que deja. La paz que siembra. La sensación de que todo puede recolocarse, aunque sea solo por unos minutos.
Y por dentro, me lo repito bajito: ese tiene algo.!!!
Tiene un corazón bonito. Dulce, silencioso, protector. Un corazón que no hace ruido, pero se nota.
Tiene una sonrisa amplia, expresiva, con esos hoyuelitos de hombre bueno que no se enseñan… se nacen con ellos. Tiene unos ojos marrones grandes, intensos, luminosos, de esos que miran y te calman. Una mirada profunda que abraza sin tocar.
Y una manera de estar que te deja más tranquila solo con cruzar palabra. Sin fórmulas mágicas. Solo presencia. Solo luz.
No soy la única que lo piensa. Tiene su pequeño club de fans —gente que lo quiere, que lo respeta, que se siente mejor después de pasar por su despacho. También tiene su fila de haters, como todos los que brillan. Porque, ya se sabe, nadie es monedita de oro para caerle bien a todo el mundo.
Pero yo no estoy aquí para juzgarlo ni para idealizarlo. Estoy aquí para escribirle.
Porque, aunque nunca fue mío, fue casa. Porque es el hombre al que más le he escrito en esta vida. Porque, cuando termina el ruido, empieza Joaquín.
Y esto es para él