Dijiste: “dame tiempo, quiero sanar”,
yo creí que eso era cuidar.
Me quedé en pausa, bajé la voz,
defendiendo un futuro que imaginamos los dos.
Hablamos de casa, de algo real,
de manos cansadas después de trabajar.
Yo aposté todo sin esconderme,
tú pediste calma… y yo supe detenerme.
Pero mientras yo respetaba el adiós,
tú ya estabas buscando otra versión de amor.
Y no, no te odio, pero sí me dolió,
porque yo fui honesto y tú no tanto como yo.
Dijiste “respira, no es el final”,
pero no era el mismo aire el que íbamos a tomar.
Yo me quedé fiel a lo que dijimos,
tú probando otros caminos.
No es rabia lo que siento hoy,
es darme cuenta de que no fue igual para los dos.
Dijiste que un día serías fuerte para mí,
que la terapia te haría construir.
Yo te creí, yo vi tu intención,
por eso este coraje no viene del rencor.
Agradecías que yo fuera distinto,
yo pensé que eso era destino.
Hoy entiendo, con la cara en alto,
que no todos saben cuidar lo que dicen cuando prometen algo.
Yo estaba listo para sostener,
tú estabas listo para volver a empezar sin verme.
Y no, no te odio, pero sí me dolió,
porque yo fui leal mientras tú dudabas de los dos.
No te juzgo, pero no fue justo para mí
quedarme esperando mientras tú aprendías a seguir.
Yo no fallé por querer construir,
fallaste tú por no saber quedarte ahí.
Y aunque duela aceptarlo hoy,
no fue falta de amor… fue falta de decisión.
Tal vez no fue mentira,
solo verdad incompleta.
Pero pedir pausa y buscar conexión
no es sanar, es elegir otra puerta.
Aun así no me arrepiento de amar,
de querer algo limpio, algo real.
Si me voy no es por perder,
es porque también aprendí a escoger.
Respira…
pero ya no por mí.
Yo también sigo adelante,
con coraje, con verdad
y sin dejar de ser quien fui.