(Verso 1)
A veces siento que el mundo es tan incierto,
que doy un paso y vuelvo a tropezar.
Son esos días donde cargo tanto peso,
que hasta mi alma se quiere ocultar.
Y en el silencio donde nadie me acompaña,
donde lo fuerte se empieza a quebrar,
mi corazón recuerda aquella historia
que dice que en tus brazos puedo descansar.
(Pre-Coro)
Y aunque mis ojos no te puedan ver,
sé que me escuchas cuando clamo con fe.
(Coro)
Cuando me falta el aire, corro a tu presencia;
cuando el miedo crece, tú me das paciencia.
Si me siento solo en la noche fría,
tú eres la esperanza que renueva mi vida.
Cuando me haga débil, sé que tú me abrazas;
cuando haya dudas, tú eres quien me calma.
En medio del ruido y la incertidumbre,
mi alma te busca… Jesús, eres mi refugio siempre.
(Verso 2)
Hay un vacío que a veces me acompaña,
una tristeza que no sé explicar.
Pero en tus manos encuentro la confianza
que el mundo nunca me podrá entregar.
Y aunque mis pasos se tornen inseguros,
y el horizonte se vea nublar,
tú me recuerdas que no estoy perdido,
que tu camino siempre me guiará.
(Pre-Coro)
Y aunque mis fuerzas empiecen a caer,
tú me sostienes y me ayudas a creer.
(Coro)
Cuando me falta el aire, corro a tu presencia;
cuando el miedo crece, tú me das paciencia.
Si me siento solo en la noche fría,
tú eres la esperanza que renueva mi vida.
Cuando me haga débil, sé que tú me abrazas;
cuando haya dudas, tú eres quien me calma.
En medio del ruido y la incertidumbre,
mi alma te busca… Jesús, eres mi refugio siempre.
(Puente)
Toma mi angustia y hazla una oración,
toma mis ruinas y hazlas tu canción.
Toma mis lágrimas, hazlas un río
donde tu paz me vuelva a encontrar.
Y si me pierdo en mis propios miedos,
sé que tu voz me volverá a llamar:
“Hijo, no temas, yo voy contigo,
mi amor eterno nunca te fallará.”
(Coro Final)
Cuando me falte el aire, corro a tu presencia;
cuando el miedo grite, tú me das certeza.
Si me siento solo en la noche fría,
tú eres la promesa que sostiene mi vida.
Cuando ya no pueda, tú me das tu fuerza;
cuando caiga al suelo, tú me das tu mesa.
En cada duda, en cada instante,
Jesús, eres mi paz… mi refugio constante