Verso 1
En la esquina se respira peligro y humo,
los pasos se miden, el silencio es un consumo.
Un muchacho sueña con escapar del destino,
pero el barrio lo aprieta y le dicta el camino.
Dados cargados, promesas que se quiebran,
miradas que cortan, secretos que se siembran.
La luna lo observa, testigo de su suerte,
cada esquina cobra, la calle no ofrece la muerte.
Verso 2
Entre sombras se escucha el llanto de la madrugada,
un tiro rompe el viento, la noche enfurecida y helada.
Amigos caen, traiciones escriben la historia,
el oro fácil se paga con lágrimas y memoria.
El tambor retumba, el piano susurra miedo,
y el trombón llora lo que nadie ve desde el ruedo.
El muchacho corre, pero la calle lo alcanza,
y en esta selva de cemento nadie olvida la balanza.
Verso 3
La vecina vigila desde su ventana rota,
sus ojos guardan secretos de aquella zona remota.
Un pacto roto, una mirada que amenaza,
el barrio murmura historias de desgracia.
El reloj no espera, el peligro es constante,
cada paso es un riesgo, la vida es un instante.
La noche pesa y el miedo se pasea,
cada esquina un recuerdo que nunca se olvida.
Verso 4
Un amigo traiciona por un par de monedas,
y otro cae preso entre balas y veredas.
El joven aprende que la calle es maestro cruel,
enseña con fuego, castiga sin papel.
El trombón llora un lamento profundo,
el piano acompaña el drama del mundo.
Y mientras corre, su sombra se fragmenta,
la selva de cemento su espíritu tormenta.
Verso 5
El amanecer encuentra cuerpos y promesas rotas,
el barrio recuerda las vidas y las notas.
El muchacho sabe que la lucha no termina,
cada paso adelante es una cicatriz divina.
Entre risas y llantos, la calle se revela,
cada esquina cobra, cada historia desvela.
El corazón bombea miedo y adrenalina,
y en cada callejón se escribe su rutina.
Verso 6
Al final de la noche, el silencio lo abraza,
la luna testigo de la vida que amenaza.
Los amigos caen, los traidores se esconden,
la justicia del barrio a veces responde.
El joven aprende a moverse entre sombras,
a leer las miradas, a sortear las bombas.
La selva de cemento lo hace fuerte,
y cada historia vivida lo deja diferente.