[Verso 1]
La trajeron delante del Maestro,
con piedras listas para condenar;
pero Jesús miró sus corazones:
“El que esté sin pecado, puede comenzar.”
Uno por uno soltaron sus piedras,
nadie la pudo condenar.
Y hoy Su Palabra pregunta a mi alma:
¿con qué derecho voy a señalar?
[Coro]
¡Suelta la piedra, suelta la piedra!
Antes de juzgar, mira tu corazón.
¡Suelta la piedra, suelta la piedra!
Tú también necesitas perdón.
Si Cristo tuvo misericordia contigo,
ten misericordia de tu hermano también.
Suelta la piedra, abraza la cruz,
y deja que el Juez sea Jesús.
[Verso 2]
Quizás mi piedra no está en mi mano,
quizás se esconde en mi corazón:
se llama orgullo, crítica o chisme,
murmuración y condenación.
Señor, examina primero mi vida,
no quiero al caído destruir;
quiero orar, perdonar y ayudarlo,
como Tú lo hiciste conmigo, Señor.
[Puente]
Pero Tu gracia no aprueba el pecado,
Tu misericordia trae transformación.
“Vete, y no peques más”, dijo Cristo:
perdón que conduce a consagración.
¡Suelta el orgullo!
¡Suelta la crítica!
¡Suelta el chisme!
¡Suelta la condenación!
Y en lugar de hablar de tu hermano,
¡dobla tus rodillas y llévalo en oración!
[Coro final]
¡Suelta la piedra, suelta la piedra!
Antes de juzgar, mira tu corazón.
¡Suelta la piedra, suelta la piedra!
Tú también necesitas perdón.
No encubras el pecado,
pero tampoco quieras condenar;
habla la verdad con misericordia
y ayuda al caído a levantar.
Suelta la piedra, abraza la cruz,
y deja que el Juez sea Jesús.