- ¿Qué estás haciendo aquí, en este lugar oscuro y frío? Te hablo a ti, ahora y aquí. No puedes rendirte. No es hora de que te des por vencido - dijo una voz misteriosa desde la penumbra.
- ¿Quién eres? ¿Cómo sabes lo que siento? - preguntó nervioso Juan, tratando de ver de dónde provenía la voz.
- No te atrevas a morir, porque aún no has vivido. Cada latido es una oportunidad, cada aliento, una batalla que vale la pena luchar - respondió la voz, resonando en la oscuridad.
- ¡No entiendo! ¡Déjame en paz! - exclamó Juan, sintiendo el miedo apoderarse de él.
- ¿Ves ese temor en tus ojos? Es la señal de que estás a punto de rendirte. No seas cobarde. Enfréntalo. Levanta la cabeza y actúa - instó la voz, más cerca ahora.
La vida no espera a nadie. La urgencia es vital, y tú tienes la fuerza para marcar la diferencia. Es momento de demostrar lo que vales - continuó la voz, haciendo eco en la mente de Juan.
- Ya basta, déjame en paz - dijo Juan, cerrando los ojos con fuerza, tratando de alejar la voz de su cabeza.
- No te permitas caer en el abismo del desaliento. Cada paso, por pequeño que sea, es un avance hacia el futuro que mereces. No te rindas. ¡Lucha ahora! - la voz resonó una última vez, antes de desvanecerse en la nada.
Juan abrió los ojos lentamente, sintiendo una determinación renovada en su interior. No se rendiría. Lucharía por su vida, por su futuro. La voz misteriosa le había dado la fuerza que necesitaba para enfrentar sus miedos y seguir adelante. La noche era larga, pero él estaba listo para la batalla que se avecinaba.