Alzan templos sobre el dolor,
predican amor con voz de tirano.
Hablan de paz, queman tu razón,
su dios devora tus vidas en frío.
Bajo un cielo muerto predican perdón,
Los látigos suenan en cada oración.
Te hablan de un paraíso que sigue vacío,
vendiendo calma a un pueblo vencido.
La voz del templo exige tu fe,
promete absolver cada mala acción.
Bendicen las culpas que ellos mismos crearon,
tu sombra paga lo que ellos robaron.
Bajo un cielo muerto — ¡arde su ley!
Bajo un cielo muerto — cae su rey.
Bajo un cielo muerto — sin redención.
La fe que vendían — muere en mi voz.
No entrego mi alma al falso elegido,
ni al paraíso perdido que su dios ha corrompido.
Que ardan sus templos, descienda el rencor,
y que el cielo tiemble al escuchar mi voz.
Bajo un cielo muerto — ruge el final,
se pudre la fe en su falso altar.
Bajo un cielo muerto — ya no hay redención,
la verdad despierta… y rompe su religión.