TE HE PERDONADO
Tú, si tú, me haz echo sufrir.
Tú, al que llaman padre.
Tú, el que pensaba, que tenías todo el derecho del mundo, a herir a
tu hijo.
Herirlo moralmente, físicamente.
¿Porqué? ¿Te pregunto, has disfrutado haciendo daño?
Porque no es humano, e incomprensible que hagas daño a tu hijo.
Porque tu alma estaba vacía, infeliz.
Tu corazón era de piedra.
No tenías Amor hacia nadie.
Y has decidido herir a tu hijo.
Herirlo desde la niñez.
Pasar por alto el llanto de tu hijo.
El llanto de sufrir, el llanto del dolor moral.
El llanto de suplicar cada día, ¡Para por favor!
Tú, que has conseguido que tu hijo haya crecido con miedo.
Que ha crecido con horror, vivido cada día.
Pero ya no me harás daño jamás.
Porque tu hijo ya ha crecido.
Ha crecido como persona, moralmente, mentalmente.
Con tiempo, con años, se olvidan los horrores.
Pero se queda la secuela.
La secuela de lo vivido que nunca se podrá olvidar.
Te he perdonado, si, así es, a pesar de todo.
Te he perdonado, porque Dios me enseñó a Amar.
Porque Dios me enseñó a perdonar.
Descansa en paz.