No pienses por tanto
ninguno que parte regresa. No preguntes, “¿Te veré algún día
caminando al costado del océano,
casi al amanecer?” No digas, “¿Buscará algún día tu cara mi cara
con tu amor quebrado, llorando,
mirándome?”. Imagina, las cuencas de nuestros ríos vacíos
uniéndose, persiguiéndose,
arrastrándose en la altura.
Quédate en calma a mi lado,
con tus pensamientos pegados a los míos.
y vuelve a decir por última vez, “En ti me busco. Camino a tu lado,
nuestras manos se han encontrado, nada hay
aparte de los dos. Soy tuya hasta cuando se levanten
nuestros cuerpos sin vida, deshaciéndose,
desgranándose, tuya
hasta en los rastros de la mañana, por donde
corre el camino de nuestro amor”. Hasta que la muerte llegue
sólo quédate en calma a mi lado.
No has de saber de lamentos. No es triste
que nuestras aguas hayan durado tan poco
y ya nada eterno las atestigüe,
porque estaremos juntos más allá de la muerte,
acariciándonos el rostro con las palmas de las manos,
en los océanos levitando, día y noche,
en los desiertos levitando, coronados
de aves y flores, día y noche
como un susurro ilimitado de aves y flores, día y noche.
No preguntes por tanto, qué será de ti,
qué será de mí, qué será de nosotros
más allá de la muerte, quédate
con tus pensamientos pegados a los míos, quedémonos,
quedémonos entonces,
uno al lado del otro,
absortos, mirando en uno solo
todos
los amaneceres juntos.