En Santa María Asunción, bajo el sol del mediodía,
un drama se tejió, una escena de crueldad.
De un árbol, sin piedad, un cuerpo colgaba inerte,
un robo, la condena, un final inmerecido, fuerte.
La gente se agolpaba, un murmullo, un susurro,
mirando la tragedia, un silencio, un oscuro muro.
La ley, en su enojo, llegó con fuerza bruta,
la patrulla, destrozada, un símbolo de disputa.
¿Justicia o venganza? La pregunta se alza en el aire,
un pueblo en conmoción, un dolor que no se repara.
La vida arrebatada, un acto de barbarie oscura,
en Santa María Asunción, una herida que siempre dura.
El árbol, testigo mudo, de un crimen sin consuelo,
guarda el eco del grito, el silencio del desvelo.
La policía, vencida, su autoridad quebrantada,
dejó un pueblo dividido, la justicia mancillada.
Queda la interrogante, en el alma de la gente,
¿quién juzga y quién condena? ¿Dónde está la penitencia?
En Santa María Asunción, la sombra de la muerte,
un recuerdo lacerante, un amargo, cruel referente.