En la línea del trabajo,
donde el ruido manda y el tiempo apura,
donde a veces te piden correr
más rápido que la seguridad…
ahí es donde aparece el verdadero valor.
Porque no se necesita fuerza para levantar fierros,
se necesita coraje para levantar la voz.
Y hoy lo digo claro, firme y de frente:
YO DIGO NO.
No cuando falta un arnés.
No cuando el camino no está seguro.
No cuando la maniobra está mal planificada.
No cuando el riesgo es más grande que la urgencia.
Porque mi vida vale más que un turno.
Porque mi familia espera en la puerta.
Porque mis hijos no quieren medallas…
quieren un padre que llegue a casa.
Y sé que es una espada de doble filo.
Sé que a veces el “no” para la obra,
a veces trae miradas,
a veces trae presión,
a veces trae miedo a perder la pega.
Pero aun así…
yo digo no.
Porque un trabajo se puede encontrar.
Una vida, no.
Un brazo no vuelve.
Una caída no se rebobina.
Una fatalidad no se explica.r
Y cuando yo digo “no”,
no estoy deteniendo la obra…
estoy cuidando a mis hermanos de faena,
estoy defendiendo la hermandad del túnel,
estoy recordando que todos queremos volver sanos.
Levanto la voz por mí,
por ti,
por el que viene atrás,
por el que recién empieza.
Porque no es rebeldía.
Es conciencia.
Es amor.
Es respeto por la vida.
Y si mañana me preguntan por qué lo hice,
responderé sin temblar:
“Porque quiero volver a casa
y ver a mi familia otra vez.”