Él danza,
y el universo entero se
abre en círculos de
fuego.
Cada paso es un trueno,
cada giro es un
relámpago,
cada gesto es un
llamado que resuena en
la eternidade.
Él danza,
y no hay fronteras:
el cuerpo es templo,
el suelo es altar,
el aire es testigo.
Yo lo veo,
y mi corazón se inclina al
compás,
mi piel se inflama,
mi deseo se vuelve
música.
Él danza,
y su libertad es
contagiosa,
me arrastra como
corriente,
me envuelve como
tempestad,
me consume como llama.
No es solo movimiento,
es destino escrito en
ritmo,
es pasión que no se
explica,
es libertad que no se
aprisiona.
Él danza,
y ya no soy solo yo:
soy parte de la
coreografía,
soy parte de la
revolución,
soy parte de la pasión
que nos une.
Y cuando el mundo calla,
cuando la noche se
recoge,
cuando el tiempo se
curva,
aún queda su danza,
ardiendo en mí como
eternidad.