> Cuando la noche me encuentra despierto
> y el silencio se sienta en mi cama,
> descubro que el mundo está abierto
> pero tú… tú ya no me llamas.
>
> La almohada es un mar tan callado,
> la sábana, un cielo sin fin,
> y en medio de tanto costado
> me sobra el amor… y el colchón de satín.
>
> Me levanto, camino despacio,
> la cocina me espera sin voz.
> Preparo café sin espacio
> para el “buenos días” de los dos.
>
> Pensé que quizás te vería
> de espaldas, buscando el azúcar,
> pero solo encontré la agonía
> de un recuerdo que nunca caduca.
>
> Me asomo a la vieja ventana,
> el cielo no quiere aclarar.
> Y aunque sé que no queda mañana,
> no dejo, mi amor, de esperar.
>
> De día es más fácil, confieso:
> te saludo mirando al azul.
> Te digo “te quiero” sin peso,
> y el alma se siente menos gris, más azul.
>
> Pero ahora, en esta hora vacía,
> cuando el mundo parece olvidar,
> yo sigo escribiendo poesía
> para alguien que no va a escuchar.