(Verso 1)
Desde mi balcón de encajes finos,
Veo el sol besar los trigales dorados.
Mi madre habla de dotes y destinos,
Y yo, entre seda, sueño con tus brazos.
Mis manos, blancas, de abanico y rezo,
Las tuyas, fuertes, del arado y del rezo.
(Coro)
Ay, mi corazón, ¿por qué suspira el nombre
De quien el mundo prohíbe nombrar?
Eres la tierra, la lluvia, el hombre,
Que mis ojos no deberían mirar.
Pero tu risa, cual canto de cenzontle,
En mi alma de jaula, quiere volar.
(Verso 2)
Mis damas hablan de tertulias y galas,
De versos huecos, de miradas vacías.
Yo recuerdo el fulgor de tus miradas,
Bajo el sol bravo de las mediodías.
Me adornan con perlas, oro y brocado,
Pero mi alma desnuda, a tu lado ha volado.
(Coro)
Ay, mi corazón, ¿por qué suspira el nombre
De quien el mundo prohíbe nombrar?
Eres la tierra, la lluvia, el hombre,
Que mis ojos no deberían mirar.
Pero tu risa, cual canto de cenzontle,
En mi alma de jaula, quiere volar.
(Puente)
Dicen que el tiempo teje redes y barreras,
Que cada uno en su lugar ha de estar.
Pero mi sangre, ¿entiende de fronteras?
Mi pecho late, sin querer preguntar.
Quizás un día, en otro reino, en otro cielo,
Nuestras almas sin cadenas puedan bailar.
(Coro Final)
Ay, mi corazón, aunque prohíban tu nombre,
En el silencio lo seguiré nombrando.
Eres la tierra, la lluvia, el hombre,
Que mis sueños seguirá anhelando.
Que tu risa, cual canto de cenzontle,
Me dé fuerza para seguir soñando.