Sentiste aquel dolor con amor cuando viste a tu hijo morir en la cruz
Una espada atravesó tu corazón, pues tu hijo murió, la tierra tembló, y el templo se partió en dos.
María, madre del Redentor, confiaste en Dios, aunque tu corazón se partió.
Él dentro de ti creció, sentiste aquel dolor de parir al Salvador, en tu vientre sus pataditas sentiste, pues él en ti sus huellas marcó. Esperanza y amor, su vida por tus ojos pasó.
Eres la esclava del Señor, él en ti entró y ahí se quedó. ¡Qué grande es el Señor! Ante el mundo te coronó como Reina de paz y devoción de amor.