Se oye un clamor de trompeta, el cielo su faz ocultó,
las naciones ante el Trono en silencio se postraron.
El Cordero abre el Libro, la eternidad juzgará,
y el que venció por Su sangre ¡ante Él sin mancha está!
¡El día postrero llegó!
¡Cristo, el Juez, con poder apareció!
Los justos cantarán: "¡Aleluya a Él!",
¡y el fuego eterno a los réprobos halló!
El mar entregó sus muertos, el hades su error lloró,
y el nombre no escrito en el Libro en tinieblas se borró.
Mas la Esposa dice: "Ven", la Nueva Jerusalén,
donde el río de la vida ¡nunca cesará su Edén!
Oh Iglesia, velad siempre, que el tiempo señalado está,
el trigo y la cizaña al fin se separarán.
No durmáis como las vírgenes sin aceite en el candil,
¡que el Esposo viene en gloria, y Su galardón dará!
Al Padre, al Hijo, al Espíritu de amor,
un solo Dios Trino, ¡eterno esplendor!
Que el juicio anuncie a toda creación:
"¡Santo, Santo es el Señor, Jehová de Sion!".
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