Hoy no vengo a fingir que estoy bien,
vengo a hablarte sincero, como soy también,
con cicatrices que nadie ve,
pero con fe, aunque a veces dudé.
Caminé sin rumbo, cargado de culpa,
mil veces caí, mil veces la lucha,
cuando pensé que ya no había salida,
sentí tu presencia salvando mi vida.
No soy santo, no soy perfecto,
pero vos me mirás por dentro,
cuando el mundo me dio la espalda,
tu amor fue lo que me sostuvo el pecho.
Y aunque el miedo a veces me quiera frenar,
sé que tu mano me vuelve a levantar,
si todo se cae, si no hay razón,
mi refugio siempre es tu voz.
Gracias por quedarte cuando me alejé,
por perdonarme incluso cuando fallé,
por darme paz en la tempestad,
por nunca soltarme en la oscuridad.
Hoy levanto mi voz sin vergüenza,
no por fama, ni por apariencia,
si canto es porque me diste vida,
porque tu amor nunca se termina.
Si mañana caigo, sé que estás ahí,
si me pierdo, sé que pensás en mí,
mi camino lo dejo en tus manos,
Padre eterno, nunca me abandones.