(Verso 1)
Pisan la cancha y se creen los reyes del juego
hablan de trofeos, de fama y de su ego
pero yo no camino por mi propia fuerza
fue quien me dio el talento, quien me da la certeza.
No salgo a presumir, no salgo a competir
salgo a dar lo mejor, y a su nombre bendecir.
Que corran más, que salten más, que tengan más velocidad
si el Señor está conmigo, nadie me quita la verdad.
(Coro)
¡Nadie es mejor que yo! ¡Nadie me va a parar!
porque Dios está conmigo antes de empezar a jugar.
No importa el rival, no importa el resultado
mi confianza está puesta en el que me ha llamado.
¡Nadie es mejor que yo! No es por mi habilidad
es porque va conmigo el Dios de la eternidad.
(Verso 2)
Cuando suena el silbato y me invade el temor
recuerdo que no estoy solo, que él es mi protector.
Si fallo un pase, si fallo el gol
él no me abandona, es mi mejor seguidor.
Ellos confían en su pierna, en su equipo, en su voz
yo confío en el que manda en el cielo y en el suelo.
Gane o pierda, yo ya soy vencedor
porque llevo en el pecho el amor del Creador.
(Puente)
Pueden tener más, pueden entrenar mejor
pero nadie tiene al que tiene yo.
Él abre los caminos, él da la fortaleza
en cada minuto, en cada cabeza.
No es arrogancia, es pura fe
que quien está conmigo, nunca me caeré.
(Coro)
¡Nadie es mejor que yo! ¡Nadie me va a parar!
porque Dios está conmigo antes de empezar a jugar.
No importa el rival, no importa el resultado
mi confianza está puesta en el que me ha llamado.
¡Nadie es mejor que yo! No es por mi habilidad
es porque va conmigo el Dios de la eternidad.
(Final)
Y cuando acabe el partido, se acabe la función
solo a él le doy toda la honra y la unción.
Porque nadie es mejor... nadie es superior
que el que lucha a mi lado, mi Dios y mi Señor.