“¡Hosanna… Hosanna…
El Rey viene ya…!”
Entra el Rey humilde y en paz,
sobre un burrito, sin gloria terrenal,
y el cielo entero comienza a cantar,
porque el Mesías ha llegado ya.
Las calles tiemblan de tanta fe,
mantos y palmas rinden honor,
y entre la multitud se escucha una voz:
“¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”
“¡Los cielos se abren, la tierra también,
los corazones empiezan a arder,
es el Rey… es el Rey…!”
¡Hosanna, Hosanna al Rey de amor!
¡Hosanna, Hosanna, Cristo Señor!
Hoy te alabamos con todo el ser,
¡pero enséñanos siempre fieles ser!
¡Hosanna en las alturas, Dios Salvador!
¡Bendito eres Tú, nuestro Redentor!
Entre palmas te vamos a exaltar,
¡pero hasta la cruz te queremos amar!
Pero en la sombra ya hay traición,
un beso vende al Hijo de Dios,
y aquel que fue recibido con honor,
camina ahora hacia el dolor.
Las mismas voces que gritan hoy,
mañana claman sin compasión,
y el Rey de gloria en silencio va,
cargando el peso de la humanidad.
No quiero ser de los que van,
solo cuando todo es luz y paz…
Dame un corazón fiel, Señor,
que te siga en la cruz por amor…
¡Hosanna, Hosanna al Rey de amor!
¡Hosanna, Hosanna, Cristo Señor!
Si hoy te aclamo con todo mi ser,
¡mañana en la cruz no te negaré!
¡Hosanna en las alturas, Dios Salvador!
¡Bendito eres Tú, mi único Señor!
Entre palmas te voy a exaltar,
¡y hasta la muerte te voy a amar!
Hosanna… Hosanna…
aunque venga la cruz…
yo te seguiré, Jesús…
¡Hosanna, Hosanna al Rey de amor!
¡Hosanna, Hosanna, Cristo Señor!
Si hoy te aclamo con todo mi ser,
¡mañana en la cruz no te negaré!
¡Hosanna en las alturas, Dios Salvador!
¡Bendito eres Tú, mi único Señor!
Entre palmas te voy a exaltar,
¡y hasta la muerte te voy a amar!