No, no es amor, lo que hoy te ciega,
Ni la ternura que el alma entrega.
No es el cariño, ni la verdad.
Lo que te consume es vanidad.
Lo que tú sientes se llama obsesión,
Una cárcel mental, sin dirección.
Es una sombra que te domina,
Y de tu mente nunca termina.
Una ilusión, frágil y errante,
En tu pensamiento, constante.
Que te hace hacer cosas, que te desborda,
Rompiendo calma, te desconcierta.
Así funciona el corazón, dices tú,
Cuando se esconde detrás de un tabú.
Pero es el miedo a perder lo que crees,
Lo que te atrapa, lo que no cedes.
Eres mía, mía, mía, desde el primer día,
Una verdad que ya conocías.
No te hagas la loca, no finjas sorpresa,
En tu mirada ya estaba esa promesa.
No, no es amor, esta fiera pasión,
Es el reflejo de tu condición.
Una condena que tú misma forjas,
En cada intento, más te arrojas.
Lo que tú sientes se llama obsesión,
Una cadena sin redención.
Que te hace hacer cosas que te desgastan,
Tus fantasías que al fin no bastan.
Eres mía, mía, mía, no hay otra vía.
Eso muy bien ya lo sabías, cada noche y día.