Prometiste coronas vacías,
juraste amores que nunca cumpliste.
Hoy corres a casarte con otra,
pero ni con ella tu alma se viste.
Porque en tu espejo no hay anillos,
solo cadenas de lo que hiciste.
Piensas en mi cada noche,
mientras abrazas tu mentira triste.
Mírame—
soy la verdad que te quiebra,
la voz que retumba
cuando callas en su cama.
Arde en mis ojos,
cobarde sin destino.
Te disfrazas de esposo,
pero sigues preso de tu traición.
Tus manos tiemblan,
no de pasión,
sino del miedo de saber
que nunca fuiste hombre,
ni con ella, ni conmigo.
Arde en mis ojos,
quédate con lo que elegiste.
Jugaste al rey en tierras falsas,
pero soy el imperio que jamás tendrás.